Eres un sopor insoportable
que porta los sables
del sopor insoportable
que porta...
Pero a mí no me das sueño.
Eres un sopor insoportable
que porta los sables
del sopor insoportable
que porta...
Pero a mí no me das sueño.
No es contacto mi mano en tu rostro.
Mucho más que mil caricias por / Una
unión de rojos colores viviéndose
ajena a su color porque, no importa,
su borde supera el rojo.
Tú no sientes mi mano en tu rostro
porque tu rostro es tacto de nivel supremo
y mi mano suprema insensa-tez.
Sólo me dejas tocarte porque no sabes
qué te estoy tocando.
Angelical (tacto) es el tercero de una serie de cinco poemas para completar Arcangelical y Pre angelical.
Me invades Polonia
con tu mirada soviética
a pesar de que sabes
que ya está ocupada.
O quizá por eso.
Un romance llamado a ser
que no ha sido
por un gemido
de llanto de luz de ayer.
Dos medios te quiero
no bastan para definir
como amor lo que siento,
pero es silencio absoluto
lo que suman tus medios silencios.
De nuevo en los terrenos
de fronteras invisibles,
perdido en las noches más largas
sin sueños ni voz ni pecado,
abatido de tanto dar vueltas
y tan pocos resultados.
Celoso del aire que roza tus labios,
de la blusa que impregna tu olor,
celoso de que busques palabras en otros
y en mí no.
Miedo a que al volver,
tú seas tú al modo vaquero
y yo el indio indefenso
del pasado enero.
Ejercicio experimental. No es escritura automática realmente, pero lo hice mirando a la pared y escribiendo lo primero que se me pasaba por la cabeza. Hay palabras que no existen y sinsentidos varios, pero ahí queda.
Matas los pasos. Me
invitas muertas de
vuelos granados los
vértices que adivino,
los ojos dormidos de espanto.
El cielo cerrado a elogios
de tantos magos que adoptan
los hilos más lentos de
los que se esconden
entre arrugas
de tierra en
los lodos.
Grabadas las horas
en los rosarios
espero impaciente
el consejo de otros apuestos
bufones de arresto de
mirlos en flor.
Despido a los ojos a cuestas
de amor en total agonía.
Las plantas se tuercen
mojadas o heridas de
verme correr.
No entiendo el engaño
a destiempo en el punto
de cruz del estrado.
Nos sobran los días
ajenos de luz de
mistrada ponienda,
martirio venenoso de ruegos.
Tormenta de polvo en Sídney (más imágenes).
Un hermano es el enemigo
que a todos nos gusta tener,
la espina propensa a volver
a pincharnos una y otra vez.
Un regalo que orienta nostalgias
de risas y tiempos mejores
e imprime razones de guerra
si vas y le pinchas también.